El Gobierno regional continúa reforzando su apoyo al sector vitivinícola con nuevas ayudas destinadas a mejorar la competitividad y modernización del viñedo en Castilla-La Mancha. En los últimos días, la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural ha abonado 3,8 millones de euros a cerca de 300 viticultores que están llevando a cabo labores de reestructuración en casi 1.000 hectáreas de viñedo.
Con este nuevo pago, el Ejecutivo que preside García-Page ha transferido ya un total de 12,3 millones de euros al sector vitícola en lo que va de campaña, una inversión orientada a lograr explotaciones más eficientes, sostenibles y adaptadas a los retos actuales del mercado y del cambio climático.

Estas actuaciones se complementan con el impulso a la comercialización exterior del vino. En este sentido, la Consejería ha remitido recientemente las resoluciones del Programa de Promoción del Vino en Terceros Países, una línea de ayudas que permitirá poner en marcha 38 proyectos con una inversión global de 4,7 millones de euros. De esa cantidad, más de 2,3 millones procederán de financiación pública, con el objetivo de consolidar la presencia de los vinos de calidad en mercados ya existentes y facilitar la apertura a nuevos destinos internacionales.
El consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán, ha destacado que estas ayudas “refuerzan la posición del vino de Castilla-La Mancha en el exterior y aprovechan los nuevos acuerdos comerciales para diversificar mercados y aumentar el valor añadido del producto”.
Martínez Lizán ha realizado estas declaraciones durante su visita a Herencia, un municipio estrechamente vinculado a la actividad vitivinícola. Durante el acto, el consejero ha puesto en valor la harina de almortas como ingrediente fundamental de uno de los platos más representativos de la gastronomía regional, recordando el trabajo desarrollado por el Gobierno autonómico para regularizar su uso para el consumo humano. Asimismo, ha subrayado el papel de la gastronomía tradicional como motor del turismo rural y del desarrollo económico del territorio.
Por último, ha destacado la labor de los agricultores como primer eslabón de la cadena agroalimentaria, imprescindible para el mantenimiento de la industria, la producción de alimentos y la conservación de la identidad gastronómica de Castilla-La Mancha.

