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    Hay autores que conciben la literatura no solo como el arte de contar historias, sino como un puente tendido hacia el encuentro con el otro. Este es, sin duda, el caso de Almudena Manzanero Perea, una escritora natural de La Villa de Don Fadrique y vecina de Villacañas (Toledo), cuya trayectoria es el reflejo de una vocación inquebrantable que late con fuerza desde su infancia. Tras alzarse con el primer premio en el IV Certamen Literario «Con nombre de mujer» en 2019, Almudena inició una carrera meteórica en la edición independiente que la llevó a explorar el empoderamiento femenino a través de la comedia romántica en su exitosa bilogía De quién soy y Azul neón en Benidorm.

    Hoy, la autora manchega regresa por la puerta grande a su género predilecto de la mano de la editorial Caligrama con su tercera novela: El secreto del Marqués: Crisopea. En esta ambiciosa obra, Manzanero nos propone un viaje fascinante a través de tres épocas del Gran Imperio Toledano —los siglos XV, XVI y XXI—, tejiendo una red de misterio, alquimia, suspense y esoterismo donde figuras de la talla de El Greco o el Marqués de Villena se entrelazan con la arqueología contemporánea en busca del elixir de la vida eterna.

    Pero Almudena Manzanero no es una escritora de escritorio y silencio; es una creadora en constante movimiento. De cara al próximo curso, la autora se encuentra inmersa en la planificación de una intensa agenda cultural que incluye presentaciones, firmas, debates sobre el sentido de la vida, cuentacuentos infantiles y sus ya célebres talleres de escritura creativa, como «Teclas sueltas: Los cinco sentidos con emociones».

    Hablamos con ella sobre los enigmas que esconde su nueva novela, el papel de la mujer en la historia, su compromiso con el tejido asociativo y cultural de la provincia de Toledo y esa magia tan especial que despliega al transformar las historias de los demás en poesía viva.

    La escritora Almudena Manzanero Perea nos presentó su nueva novela histórica y fantástica, un relato de misterio y empoderamiento ambientado en Toledo.
    La escritora Almudena Manzanero Perea nos presentó su nueva novela histórica y fantástica, un relato de misterio y empoderamiento ambientado en Toledo.

    Para comenzar, Almudena, ¿desde cuándo te dedicas a la escritura de manera profesional?

    Podríamos decir que de forma más profesional desde el año 2019.

    ¿Cuándo nació en ti ese gusto por la literatura y por escribir?

    Desde pequeña siempre escribía relatos para presentarlos a concursos en La Villa de Don Fadrique. A veces se ganaba y otras se perdía, pero era una experiencia fantástica; siempre me ha apasionado inventar historias. Sin embargo, el punto de inflexión llegó cuando me presenté a un concurso aquí en Villacañas. No le dije a nadie que iba a participar y logré ganar el primer premio. A partir de ahí, la gente supo que escribía y empezaron a animarme a tomármelo más en serio. Ese impulso me llevó a crear mi primera novela, que se publicó en marzo de 2020.

    Ese certamen se llamaba Con nombre de mujer. ¿Cómo recuerdas aquel momento y de qué manera te impulsó a dar el salto a la novela?

    Lo recuerdo con mucho cariño. Inicialmente escribí el relato para divertirme y demostrar mi capacidad para inventar historias. Yo tengo hijas y solía inventar cuentos para ellas, pero siempre en un petit comité, en el ámbito familiar. Dar el salto a lo grande y tener que leer el texto en voz alta ante un público lleno de mujeres fue un reto. Mi relato tenía tintes cómicos y de humor, y creo que los aplausos y las risas de la gente fueron el empujón definitivo para hacer algo más ambicioso. Todo el mundo me decía que no podía dejarlo porque el texto era muy bueno. Así que, dándole vueltas a la idea y compaginándolo con mi nuevo trabajo, me decidí a escribir la novela.

    Comenzaste en el género de la comedia romántica contemporánea con Azul y neón. Sin embargo, en tu nueva obra das un giro radical hacia la literatura fantástica. ¿A qué se debe este cambio?

    En realidad, el giro responde a mis gustos como lectora. Yo consumo principalmente thriller, suspense, historias de fantasmas, casas encantadas y leyendas. Quise ponerme a prueba y ver si era capaz de escribir lo que a mí me apasiona. Me tomó tres años de investigación perfilar a los personajes. Quería que la historia fuese lo más real posible dentro de la ficción. Por ejemplo, si mencionaba que los personajes estaban en un palacio concreto, investigaba para asegurar que ese lugar existiera tal cual, o si una de las protagonistas viajaba de Valencia a Toledo, cuidaba cada detalle del trayecto. Quería que el entorno fuera un pilar sólido. Aunque la trama sea ficticia y contenga sus dosis de humor, el resultado ha sido muy satisfactorio. De hecho, los lectores me comentan que en este libro han dejado de percibir mi voz directa para sumergirse por completo en la personalidad de los personajes.

    Tu última obra se titula El secreto del Marqués Crisopea. Para quienes aún no la conocen, ¿qué o quién es Crisopea?

    Para entenderlo, hay que adentrarse en la historia del personaje principal, el Marqués de Villena. Investigando sus leyendas, descubrí los motivos de su muerte y el trato que recibió. Me llamó poderosamente la atención que fuera un estudioso erudito, interesado en la astronomía y obsesionado con lo que ocurre después de la muerte. Le inquietaba saber si el ser humano podía trascender y, vinculando esta idea con la religión, se interesó por la resurrección y la posibilidad de resurgir de entre los muertos al margen de la Iglesia.

    Toda esta investigación previa sirve de trasfondo, aunque no aparezca explícitamente en el libro. En la alquimia, la «Crisopea» es la transmutación del oro, pero en la novela funciona como el elixir de la eterna juventud. Vivir eternamente suena idílico, pero mi intención era plantear un dilema filosófico: ¿qué nos ocurriría a los humanos si esto fuera real? ¿Estamos diseñados para la inmortalidad o necesitamos una fecha de caducidad? A lo largo de la novela se muestran las trabas y los conflictos éticos de este dilema. Desmitifico esa idea idílica que todos tenemos de no querer morir nunca, planteando las problemáticas que surgirían si la inmortalidad fuera posible. Lo que para unos sería un mundo ideal, para otros podría convertirse en una auténtica pesadilla.

    La trama del libro viaja a través de tres épocas del Imperio Toledano: los siglos XV, XVI y XXI. ¿Cómo fue el proceso de documentación y cómo lograste entrelazar a los personajes?

    Fue un proceso fascinante. El personaje del Marqués de Villena fue el más sencillo de perfilar gracias a toda la documentación existente sobre sus estudios de Crisopea. El reto era encontrar a alguien que continuara su legado. Pensé en un amigo o un sirviente, pero finalmente me pregunté: ¿por qué no alguien de su propia sangre? Tras tres años de investigación, descubrí que tuvo dos hijas. Una de ellas fue Leonor de Villena (conocida históricamente como Isabel de Villena), quien se crio con él en sus últimos días. Decidí incluirla en la trama y descubrí que fue una mujer crucial en su época. Llegó a ser abadesa en Valencia y le indignaba que en los conventos solo se estudiase la vida de los santos varones, defendiendo que las mujeres también habían hecho grandes aportaciones. Por ello escribió la Vita Christi, para reivindicar el papel femenino. Así logré conectar al Marqués con su hija.

    El siguiente nexo surgió al descubrir que el Marqués de Villena y El Greco habitaron en el mismo lugar de Toledo en épocas distintas. Las pistas históricas funcionaban como huellas que me guiaban a mí, en lugar de forzar yo la historia. Al investigar a El Greco, vi que a su regreso a España no lo tuvo fácil. Para prosperar debía ser pintor de la corte o de la Iglesia. Se decantó por la nobleza de Toledo, donde había mucho dinero gracias a los condes y marqueses, pero sufrió un constante rechazo y severas críticas a su obra. En esa época convulsa se sitúa el retrato de una misteriosa mujer. Decidí tirar de ese hilo y vincularlo a la trama.

    Te refieres a La dama del armiño, un cuadro sobre el que existen serias dudas respecto a su autoría y a la identidad de la modelo.

    Exactamente. Existe un gran misterio tanto sobre quién lo pintó como sobre quién aparece en él.

    Es un enigma histórico real. ¿Cómo llegaste a él en tu investigación?

    Me topé con la obra por sus características técnicas: el uso de las sombras y el estilo apuntaban a El Greco, aunque siglos después se atribuyera a otros pintores como Alonso Sánchez Coello o Sofonisba Anguissola. El cuadro no está en España, se encuentra en Escocia, en la Colección Burrell. Se dice que el valor de la pieza radica en su atribución actual, y que, si se investigara a fondo, podría cambiar el consenso sobre ella. Es una pieza enigmática que quise rescatar en la novela. Las joyas y la vestimenta de la dama sugieren que pertenecía a la realeza, aunque en esa época también había nobles que se vestían así para aparentar una riqueza que no poseían.

    Tirando del hilo, apareció la figura de Jerónima de las Cuevas, compañera de El Greco. Para encajarla en la trama y justificar los sucesos de los primeros capítulos, recurrí a la ficción, dotando al cuadro de ese halo de misterio. Además, me interesó explicar el simbolismo del armiño. Es un animal muy vinculado a la realeza cuyo pelaje cambia: es marrón en verano y se vuelve blanco moteado en invierno. Al retratarla con esa valiosa piel, el pintor la eleva a la máxima expresión de nobleza, sugiriendo que, aunque no fuera de la realeza, él la consideraba como tal. También investigué un anillo que lleva puesto, pero no quise enrevesar más la trama.

    Además de escribir, Almudena impulsa la cultura en Toledo con talleres y nueva novela
    Además de escribir, Almudena impulsa la cultura en Toledo con talleres y nueva novela

    A pesar de la variedad de géneros que abordas, la figura de la mujer y el empoderamiento femenino siempre tienen un peso notable en tus novelas. En tus textos hablas del «silencio de la mujer culta». ¿Cómo rompen tus personajes femeninos con los cánones de sus respectivas épocas?

    Mis personajes femeninos adoptan comportamientos que históricamente se consideraban masculinos, como el hecho de viajar o tomar decisiones autónomas. Hoy en día eso es lo normal, pero en el pasado estaba proscrito. Las actitudes de las mujeres variaban drásticamente según la época. En la primera parte de la novela, aparece una niña que se cría en un entorno ajeno, lejos de sus padres, una situación que evoca a los antiguos niños expósitos de las inclusas. A pesar de su vulnerabilidad, ella se va dando cuenta de su valor y del peso estratégico del lugar donde se encuentra.

    La segunda mujer de la trama es una joven que huye para evitar un matrimonio concertado por su padre. En aquellos siglos, una mujer no podía viajar sola ni escapar de su destino; debía resignarse. Ella rompe con ese mandato y se construye a sí misma. Finalmente, en el siglo XXI, tenemos a Olaya. Ella encarna la inocencia de la mujer actual. En el ámbito laboral, se enfrenta a una realidad sutil: a menudo, la palabra de un hombre se acepta como verdad absoluta sin necesidad de cuestionamientos, mientras que una mujer debe seguir unos parámetros estrictos y demostrar al cien por cien que lo que afirma es real. A través de estas tres figuras, muestro cómo la mujer ha necesitado históricamente una constante autoaprobación para ganarse el respaldo del entorno, salvo que gozara de una inmensa riqueza, en cuyo caso el interés económico alteraba las reglas. También retrato a mujeres de distintos estratos sociales, como las sirvientas, creando vínculos de lealtad mutua basados en la solidaridad y el afecto, más allá de la relación laboral, algo que hoy en día resulta difícil de encontrar.

    Cambiando de tema, estás organizando una agenda completa de actividades para el próximo curso. En ferias y eventos realizas una actividad muy original llamada Un poema para ti, donde escribes poesía en directo tras escuchar a los asistentes. ¿Qué se siente al transformar las vivencias de un desconocido en versos en ese preciso instante?

    Es una faceta que he descubierto recientemente y resulta sumamente gratificante. Con solo mirar el rostro de la persona y hacerle una breve entrevista sobre sus gustos y pareceres, se genera una conexión mágica. A veces la gente se abre de tal manera que termina contándome su vida, lo cual es maravilloso.

    Es una iniciativa muy inusual, no hay mucha gente que realice este tipo de dinámicas.

    Creo que no. He visitado muchos lugares donde se escribe poesía improvisada basada en la inspiración del autor en ese momento, pero redactar un poema personalizado para alguien con quien estás conversando y a quien estás conociendo es diferente. Me sorprende ver cómo las personas se sinceran y me confiesan, por ejemplo, que atraviesan un mal momento o que extrañan a un padre fallecido. Aunque a veces se muestren reacios al principio por timidez, sé que, si logro plasmar sus sentimientos en una sola frase, les va a conmover porque en el fondo buscan esa validación. Es un acto de gratitud mutua. Si tengo la capacidad de regalar ese instante de consuelo o alegría, ¿por qué no hacerlo?

    También has reservado un espacio para el público infantil. Has adaptado tu novela de misterio para niños mediante cuentacuentos y talleres didácticos. ¿Cómo se logra trasladar temas tan complejos como el misterio o el empoderamiento femenino a los más pequeños?

    El principal reto ha sido el vocabulario, ya que percibo ciertas carencias en la comprensión actual. Los niños son un público exigente. Muchos cuentos infantiles comerciales están excesivamente simplificados, con tramas escuetas y carentes de profundidad. Por ejemplo, en un cuento que leí a mi hija sobre una pastelera a la que se le rompe un pastel y debe repetirlo, eché en falta más contexto. Decidí enriquecer la narración explicando qué ropa se ponían los personajes, qué ingredientes usaban o cómo se celebraba la fiesta. Hay que dotar a las historias de mayor entidad.

    En el caso de El secreto del Marqués Crisopea, adapté la figura del erudito explicando que era un anciano que estudiaba las estrellas. Cuando los niños me replicaban que las estrellas se ven, pero no se estudian, aprovechaba para romper la narrativa del cuento e introducir una explicación científica sobre los telescopios y el movimiento estelar. Así, el cuentacuentos se convierte en un diálogo interactivo donde ellos preguntan constantemente, que es lo verdaderamente hermoso. Al finalizar, han asimilado palabras complejas gracias a explicaciones sencillas y han captado el trasfondo de la historia. Recientemente, en El Romeral, adaptamos una historia sobre un molino que dejaba de funcionar. Al preguntarles las causas, un niño dedujo que era por la falta de viento. Eso demuestra que debaten entre ellos y que están plenamente capacitados para consumir historias complejas y de calidad si se confía en su potencial.

    A veces se tiende a infantilizar en exceso a los niños, pero demuestran estar muy despiertos.

    Así es. A menudo los adultos les tratan como a bebés durante demasiado tiempo. Los niños formulan preguntas que a un adulto le darían vergüenza por temor a quedar en evidencia, y eso es lo que más me fastidia: que la gente se quede con la duda. Cuando converso con lectores adultos sobre la novela, les pregunto si se han fijado en que el libro es también una guía de Toledo, donde explico monumentos, puertas tapiadas o ventanas históricas mientras los personajes pasean. Muchos me confiesan que lo leyeron tan rápido que pasaron por alto esos detalles arquitectónicos. Tras explicárselo, cambian por completo su perspectiva y su forma de mirar la ciudad.

    Otro de tus proyectos inminentes es una exposición interactiva vinculada a un taller titulado Teclas sueltas: los cinco sentidos con emociones. ¿En qué consiste exactamente esta experiencia?

    Consiste en la escritura de relatos focalizados en un solo sentido, como la vista, y en identificar qué emociones se ligan a él. Está abierto a niños a partir de los diez o doce años, edad en la que ya saben disociar y clasificar lo que sienten. Actualmente se trabaja mucho la gestión emocional y el mindfulness en los colegios, pero noto que a los adultos les cuesta más ir más allá de las emociones básicas como la tristeza, la alegría o la ira, cuando existe un abanico inmenso.

    En los talleres de escritura utilizamos dinámicas muy sugerentes. Por ejemplo, en la sesión del olfato, enciendo una vela sin etiqueta para que no sepan su aroma. Al olerla, se produce una evocación inmediata: alguien recuerda el aroma de los pasteles de café de su madre, o el olor de la resina del parque donde jugaba en su infancia. Tras ese instante de introspección, guardan silencio y comienzan a escribir el relato. Aunque el ejercicio se centre en un solo sentido, al final todos se entrelazan de forma natural. Si recuerdan el parque de su infancia, evocan el calor del verano o el sonido de los juegos. Es una forma lúdica y diferente de investigar la escritura a través del recuerdo.

    Para finalizar, Almudena, sabemos que estás buscando colaboraciones con asociaciones, centros educativos y espacios culturales para realizar charlas, firmas y talleres. Si alguna entidad desea ponerse en contacto contigo, ¿cómo puede hacerlo?

    Encontrar mis libros es muy sencillo; mi última novela está disponible en cualquier librería o papelería, y las anteriores se pueden adquirir a través de Amazon. Para contactar conmigo directamente, comparto mis canales de Instagram, mi correo electrónico y mi teléfono. Todo el mundo sabe que resido en La Mancha y que en mis vídeos promocionales siempre aparecen Villacañas y sus paisajes. El contacto es directo, accesible y sin intermediarios, lo que facilita mucho la gestión de cualquier evento.

    ¿Hay algún mensaje final que quieras transmitir a los lectores de nuestro periódico y a quienes nos ven a través de las plataformas digitales?

    Me gustaría hacer un llamamiento firme a la lectura. Aunque suene a tópico, es fundamental apagar las pantallas por un momento y abrir un libro. No importa el autor ni el género; lo verdaderamente valioso es la historia que cada uno recrea en su propio cerebro y la capacidad de trasladarse a otros lugares. La imaginación no se pierde a los doce ni a los quince años; nos acompaña toda la vida y nos permite llegar a los ochenta o noventa años con el deseo de seguir aprendiendo y descubriendo. No dejen pasar las oportunidades, disfruten intensamente de todo lo que hagan y recuerden que ciertos trenes solo pasan una vez en la vida.

    Muchas gracias, Almudena, por recibirnos en este entorno tan agradable de Villacañas. Ha sido un placer y seguiremos muy de cerca tus próximos proyectos.

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